Os quiero presentar la web de mi amigo Lluís,
http://www.kryptoman.com/ (sí sí, él es Kryptoman!! Cualquier día os pongo una foto y veréis el porqué del pseudónimo). Por lo que sé de él, será un blog distinto.......
Asímismo, os cuelgo la crónica de su primer IRONMAN en Niza....... La podéis leer aquí o en su web!
Bienvenido al mundo 2.0 Kryptoman!
Una vida dura 12 horas y 30 minutos. Crónica de un Ironman.
Extraño sonido en extraño lugar a extraña hora. Remolonear es declarado inaceptable. Alimentación automática en la oscuridad. Beso de partida, el Gladiador salta a la arena mientras los niños duermen. Zombies enfundados en goma hasta la cintura deambulan por un campo de ciclos. Kilogramos de aire comprimido ceban tubulares y cubiertas. Algún saludo, algún golpe en el hombro. Rostros serios, solemnes, algunos casi dramáticos. Soldados preparándose para la batalla, el futuro es incierto. Movimiento de tropas hacia la playa colocando bien los uniformes antes de la revista. Alguna tímida broma.
Extraños vestidos y extraños gorros en extraño lugar a extraña hora. Resuenan trompetas y fanfarrias en forma de Black Eyed Peas, I gotta feeling, that tonight gonna be a good night… lo que todos desean convertido en himno. Gritos, palmas, nervios contenidos, abrazos de camaradería, deseos sinceros de Suerte y Fuerza. Recuerdos a los amigos ausentes pero presentes, repetición de frases rituales. He entrenado todo lo que he podido. La bocina marca el inicio del tiempo, da comienzo la creación del artista, la sábana destapa el lienzo y el pincel dibuja brotes de espuma blanca y topos azules en la balsa plateada. No hay prisa por entrar: los últimos serán los primeros dijo el profeta.
Conseguir que la máquina trabaje acompasada se hace imposible. Alboroto y golpes, buscas el espacio libre e inicias el viaje. Al respirar por la izquierda el sol asoma y refleja en el agua, hermoso amanecer que queda en nada por no haber tiempo de ser contemplado. Sin percatarte llegas de nuevo a la orilla. Las brazadas se detienen, la posición se vuelve vertical y los escuderos allí dispuestos ayudan a levantar a los caballeros. Los pasos son autónomos y las ovejas rodean el redil siguiendo las órdenes del pastor. Vuelta al líquido sin dar tiempo a pensar en otra posibilidad. Nuevamente embates y tumulto, hay que buscar la libertad aunque suponga alargar la ruta y desviarse del sendero virtual. ¡Soldado, vuelva a la formación! Un teniente montado en su canoa no consiente deserciones, ni siquiera involuntarias. Brazadas, brazadas, brazadas.
De nuevo en tierra, el trámite está hecho. 1 hora y 21 minutos, la travesía y el desembarco concluido. Corre, corre, corre, busca tus alforjas. Calza las espuelas y cubre la testa con el yelmo, el sol despunta y el ciclo espera nervioso. Corre, corre, corre, monta al animal en el lugar indicado. La bota encaja en el estribo, la cala en el pedal, el sóleo en la biela. La carne se funde con el carbono y la máquina empieza a trabajar. Las manos acarician los cuernos de la bestia, la joroba marca el punto más alto de la sombra. Monótona cadencia hasta el inicio de la tortura, devorando asfalto y dejando atrás amigos y enemigos: no vuelvas la mirada, no ceses en tu empeño. Una explosión a pocos metros, un obús inesperado. Sales del cráter, 25 dientes contra el 12%. La ilusión del falso llano, el oasis era un espejismo. Sigue la tortura, un puerto, dos puertos, tres puertos,… escaladores especialistas, trapecistas extremos, tímidas sonrisas al pasar o al ser pasado, complicidad en el sufrimiento, compartiendo alojamiento en el Hotel Botero.
Y llega tu momento, para eso has sido llamado. Cogido abajo y escuchando los silbidos empiezas el descenso, TU DESCENSO: pero recuerdas palabras de alguien más sabio que tú y detienes las pedaladas, no sin pesadumbre…
Acoplado al viento avanzas y avanzas y avanzas, y llegas al lugar en que Eolo se torna enemigo, dónde los malos pensamientos se reparten aleatoriamente entre los desprotegidos cerebros. No has cesado de ingerir y beber bajo la dictadura del computador, pero el músculo empieza a tener pensamientos propios revolucionarios. 6 horas y 37 minutos, más de media vida en la carretera. Otra vez en la playa, deja la montura al escudero, corre, corre, corre, busca otro petate. Calza las botas de siete leguas y sal a correr. No pienses, sólo corre, corre, corre. O mejor piensa, piensa en el consejo de otro sabio, no debes nunca andar. Corre, corre, corre. Un kilómetro, y otro, y otro, y media vuelta. Caen los geles y los parciales, el brebaje reparador, el agua refrigerante en la gorra, el sol en lo alto. ¿Cómo vas? Misivas de los que te quieren y se preocupan, y se emocionan, y dan otro giro al paseo contigo, y tú lo das por ellos. Respondes que bien, o con un gesto, o con un grito o una sonrisa. No llores, no puedes llorar, no debes llorar, corre, corre, corre. Anima a los moribundos conocidos, contágiate de los vivos para recuperar, muere otra vez y vuelve a resucitar, muere y resucita... Corre, corre, corre. El final está cerca, la liberación del espíritu. La mano de tu hijo se une a la tuya, la alfombra azul está a la vista, las pulseras en la muñeca señalan el camino a la gloria. 4 horas y 10 minutos más, levanta en brazos al pequeño y grita lo que te plazca.
ºEl fotógrafo inmortaliza el momento, detiene el tiempo por un instante. Alguien te felicita, se interesa, y otros cuelgan de tu cuello el medallón, acaso el símbolo de la Victoria, acaso el salario en oro del mercenario. Una vida dura 12 horas y 30 minutos. Ahora puedes llorar, ahora sí puedes llorar, los Hombres de Hierro lloran aunque no lamentan.
Niza, 27 de junio de 2010